
Este pasado día 13 estuve en el Sant Jordi Club (sala anexa del Palau Sant Jordi) para el esperado concierto que los islandeses Sigur Rós iban a hacer en la capital catalana. Debo reconocer que antes del show no había escuchado mucho de ellos pero la excursión valió la pena sobretodo por el hecho de ver como Sigur Rós ha significado el éxito de la evolución músical. En un mundo en el que el innovar es imposible ellos han conseguido modificar algunos patrones para crear un rollo que va mucho más allá de la simple confección del sonido: la alteración del concepto vocal.
Todos los consumidores de música concebimos una categorización basada en canciones vocales y canciones sonoras. Sigur, que son más listos que el hambre, han conseguido deconstruir este concepto para mostrarnos las grandes posibilidades que tiene el anular el significado de las vocales para que sean integradas como sonido. Si, es cierto que el post-hardcore y demás subgeneros músicales se basan en un concepto similar pero estos chicos han conseguido dulcificar las formas de tal manera que el sonido instrumental se solape y se entremezcle creando una textura única.
Lo siento pero poco puedo decir del concierto a nivel formal… Desconozco bastante todo lo que vaya más allá de “Heysatan”, “Gobbledigook”, “Vid Spilum Endalaust”, “Festival”, “Glosoli” y “Saegopur” pero la verdad es que este show fue algo que va más allá de la simple enumeración de temas. Un concierto de Sigur es toda una experiencia que por lo menos deberiais vivir una vez en la vida. Música en estado minimalista, música en su punto más puro.
Una gran experiencía vivimos los barceloneses esta pasada semana, no puedo más que esperar que vuelvan en breve para deleitarnos con otro enorme recital de posibilidades y visiones de futuro de un mundo (el músical) que hasta hace 10 días creía que estaba bastante desorientado.
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